Buscando la inspiración
15.02.2026
Después de un tiempo de haber vivido un batacazo emocional, intento volver a escribir pero no me salen las palabras, es como si mi mundo imaginario haya quedado en standby.
Hasta hace poco no me surgía la narrativa, de ningún tipo, yo suelo escribir en plan Munra el inmortal, porque escribir es algo que me apasiona, me involucro tanto en la escena, pero me encuentro en esta cima de desconcierto y no consigo comprender a donde se fueron mis ideas.

De aquella vez
Recuerdo que eran las 23:00h y el office estaba completamente lleno de carros hasta el pasillo que da hacia los ascensores.
El de recepción pasó por allí embalado tirándolos hacia un lado, las auxiliares solían dejarlos en medio del pasillo formando una hilera pero, entre los contenedores y las carretillas eléctricas, no cabía un alma más.
Ni siquiera esa enfermera patosa con ojos de Chucky que iba repartiendo chillidos a todo Kinki, sin respeto alguno.
Lo único que pasaba por mi cabeza era vaciar todos esos carros y despejar la zona, ser más rápida que Flash, ordenarlos, meterlos a lavar, clasificar las magdalenas, volver a colocar las botellas de leche, contestar al teléfono, subir a planta, bajar por las escaleras, y un largo etcétera...
Los suelos estaban relucientes, era mi último día, y solo pensaba en irme, la cocinera estaba majareta si creía que me iba a quedar después de plegar, aunque ella sabía todo lo que me había pasado cuando me accidenté, en cierta parte se preocupó por mi y lo agradecí, pero eso sí, ella era una aprendiz de sargento, me daba mucha ternura.
Me fui dejándola con la palabra en la boca, porque nadie debe cuestionar como hago mi trabajo.
Todo es posible para quién cree

La soledad de una vida.
Si cada habitación hablara...
Estoy segura que dentro de este lugar habitaban seres de luz, que cargaban un pesar tan fuerte como llevar la carga de una cruz.
A lo lejos desde el patio, logré escuchar un quejido, tras otro, me asombré, no sabía de donde provenía, llegué a pensar que podía tratarse de un jabalí, porque la residencia estaba en pleno monte.
Bajé las escaleras que dan hacia la segunda planta, tropecé con algo pero me repuse, una enfermera me contó que se trataba de una chica que lloraba amargamente porque estaba en estado de ansiedad,
Entonces descubrí que la ansiedad es un trastorno mental y no un estado de ánimo, y lo primordial es que debe tratarse.
Por eso cuando alguno de ellos salían a terapia, en sus rostros podía verse la marca de un futuro que aún no existe, por aquella razón respiraban aceleradamente, sin ningún control.
-Gracias por tu trabajo -me dijo alguien.
Asenté y sonreí pero por dentro sentía ganas de llorar, porque alguna vez llegué a sentirme así.