Me llaman Señora

Me va a explotar la cabeza pensaba mientras me hacía la selfie, es que nadie se imagina la cantidad de faena que una limpiadora puede llegar hacer en tan poco tiempo, solamente en un parque empresarial.
Vale, lo asumo, he escogido la mejor foto donde salgo favorecida y es que limpiar escaleras es algo que me mantiene en forma.
Mi compi el conserje del parque hablaba conmigo en catalán todas las mañanas y se asombraba cada vez que yo le respondía con mi nivel intermedio impecable, ojalá hubiera más gente que me hablase en ese idioma. Es muy medieval y tierno, lo digo cristalinamente sin ironía.
El boli que traigo estratégicamente escondido lo tenía para apuntar muchas cosas, como mis entradas y salidas, y el tiempo récord de limpieza de los rellanos, yo llegaba y en modo automático sabía lo que tenía que hacer. Más bien era un mantenimiento porque éramos muchas y lo teníamos en un excelente estado de pulcritud.
Aunque después al caer la tarde si venía el gran jefe, el compi de recepción se ponía nervioso y yo tenía que volver a repasar ese inmenso hall y llevarme las manos a la cabeza porque la puerta acristalada de entrada estaba llena de marcas, pero eso por algún motivo no se repasaba.
Una vez alguien me dijo Señora por primera vez y yo tuve que asumir ese rol, aunque nunca he tenido hijos, ni me he casado, asumo que soy una señora porque me hago responsable de mi trabajo.
